LEVEDAD
LEVEDAD
Llegaste cubierta de oro. Tu
piel era una fina lámina dorada,
tenue pero propia. Eras una diosa mitológica
para mí, ignorante de
prodigios.
Rompiste mi existencia con tu
existencia.
Ya nada me era conocido ni
mis horas de sueño eran tiempo.
No adiviné de donde venías.
No sabía de territorios tan pródigos en
silencios, en asombros.
Nunca te hablé, solo te miraba y
ya era duro metal.
No encontraba una vida en tu perfección.
Volví a la edad del hierro y
me ciñeron gruesas cadenas. Ellas musicaron
la levedad de tu áureo vuelo rasante hacia
mi nada.
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